Hace más de 20 años, el porno español era un páramo. El cine X, nacido en la legalidad en 1984 y distribuido en las salas especializadas que acotó la administración española, había agotado su filón y nadie se atrevía a salir de aquel bache produciendo películas en vídeo, mucho más baratas y fáciles de comercializar. Parecía que el porno había muerto en España, pero el cambio de mentalidad se tradujo en una nueva industria que viviría sus años más boyantes entre 2001 y 2007, en la edad de oro de nuestro porno.