BABYLON PINK
El debut en la dirección de Henri Pachard se produjo con una historia sobre la rutina diaria de los habitantes de la gran ciudad. “Babylon Pink” aportó una mirada al porno que huía de las habituales reglas de la comedia de situación para llegar a lo más hondo de su esencia.
En 1979, un productor de películas eróticas de origen irlandés procedente del Medio Oeste americano llamado Ron Sullivan decidió probar fortuna como director de películas X. Sullivan había producido 15 películas desde 1967 y había escrito la mayoría de los guiones. Convencido por su amigo y protector Cecil Howard, Sullivan se introdujo en el cine X con el seudónimo de Henri Pachard, un nombre de reminiscencias francesas cuyas iniciales (H.P.) coincidían con las ambiciones de Sullivan: “High Profits” (Grandes Beneficios).
El estreno de Sullivan como director porno no pudo ser más exitoso. Con producción de Cecil Howard y argumento del propio Sullivan, Pachard construyó un filme que reproducía la realidad cotidiana y, a la vez, la dosis de escapismo que todos los mortales tienen con su imaginación erótica.
Con la ciudad de Nueva York convertida en un personaje más “Babylon Pink” se adentraba en las interioridades de sus moradores para mostrar la otra cara de la vida diaria. Para esa obra coral, contó con un ramillete de estrellas que representaba lo más florido de su época. La película se alzó con el premio a la mejor cinta del año en los “óscars” de la edición de 1979.
Para el historiador de cine X Luke Ford, “el porno anterior a Sullivan parecía estar formado por comedias de situación con sexo dentro de ellas. Sullivan focalizó en el sexo la trama de sus películas y creó oscuros y sucios diálogos que derramó sobre sus personajes mientras hacían el amor”. La aportación de Pachard al género va más allá de este comentario. Su concepción del sexo vitalista y amarga a la vez intenta ampliar el porno más allá de su naturaleza
vulgar, usando elementos corrientes para expresar algo más que la simple realización del acto sexual. De hecho, las fantasías que se reflejan en “Babylon Pink” no son fruto de la insatisfacción sexual, sino consecuencia de un deseo de huir de la realidad y la rutina que los atrapa.
Su argumento es sencillo, como si fuera una película de autor. Nueva York despierta al mismo tiempo que sus habitantes. Comienza un nuevo día en el que la rutina se impone para aquellos que deben acudir al trabajo, a la universidad o atender sus tareas en el hogar. Pero, en medio de la cotidianeidad, siempre hay un resquicio para la fantasía. Así, una ejecutiva sueña con ofrecer sus favores sexuales a un cliente, un ama de casa observa al vendedor de la frutería de la esquina e imagina un tórrido encuentro con él, dos amigas fantasean con sus amigos en un restaurante, una mujer madura anhela ser abordada por su profesor de tenis, una estudiante piensa en un trío con su
compañera de piso y un hombre se siente joven seductor de su cándida sobrina. Al final de la jornada, la radio habla de sexo y todos marchan a dormir. Mañana será otro día y habrá lugar para nuevas fantasías con las que huir de la realidad.
Pachard prefiere crear “actitudes” antes que verdaderas escenas de sexo. Para él, el sexo empieza en la cabeza, en la imaginación del espectador. Por ello, cuando hizo “Babylon Pink” trató de “justificar cada plano hasta el punto de que fuera creíble”. Un ejemplo de ello es la tradicional costumbre en el género de que el hombre interrumpa el acto sexual para culminar su orgasmo fuera de la mujer, a la vista de la cámara. Pachard introduce, en la primera secuencia del filme, un elemento que explicita este acto: cuando un matrimonio hace el amor rutinariamente tras despertar por la mañana, la mujer le pide al marido que no
eyacule dentro de ella porque “no se ha puesto nada”. El solícito esposo obedece y convierte en excepcional lo que es normal en el desarrollo de las secuencias sexuales del cine X.
Detalles como éste elevaron a Pachard a la categoría de gran director sólo con una película X en su haber. “Babylon Pink”, filmada además con una exquisita puesta en escena y una peculiar unidad temporal que hace que la historia se abra y se clausure de la misma manera, se erigió como uno de los grandes hitos de la historia del porno por su tratamiento cinematográfico (montaje como elemento narrativo, uso de la música) y su particular visión del sexo en la época dorada del formato de cine.
Babylon Pink. EEUU. 1979.
Actores: Samantha Fox, Vanessa del Rio, Arcadia Blue, Merle Michaels, Debbie Revenge, Georgett Sanders, Bobby Astyr, Richard Bolla, David Morris, Georgina Spelvin, David Ruby, Eric Edwards.
Producción: Cecil Howard.
Dirección: Henri Pachard.
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