THE DANCERS

Por primera vez en la historia del género, una película se articulaba alrededor de sus personajes masculinos. En “The Dancers”, los protagonistas son los hombres, un grupo de cuatro “strippers” que recorren los Estados Unidos en una aventura plenamente heterosexual.

Proveniente de Los Angeles, la familia Weston, conocida popularmente por el nombre artístico de Spinelli, es el primer clan del mundo del porno, amén del más influyente y exitoso. Su más conocido representante es Sam Weinstein, quien cambió su apellido por Weston para evitar que sonara “demasiado judío”. Como Sam Weston, rodó en 1964 la película convencional “One Potato, Two Potato”, una historia de amores interraciales que causó gran revuelo en América, aunque en los créditos del filme figura como director el nombre de Larry Pierce. Los problemas que le acarreó esta película limitaron la carrera profesional de Weston dentro del cine, por lo que, en 1970, comenzó a realizar películas pornográficas en 16 mm. A partir de entonces cambió su nombre artístico por el de Anthony Spinelli, un seudónimo que arrastrarían sus hijos Mitch y Michael, convertidos en sus ayudantes desde finales de la década de los setenta.
Con singular oficio, Spinelli realizó algunas de las películas míticas de la época dorada del cine X americano, como “Night Caller” (1975), “Sex World” (1978) o “Talk dirty to me” (1980). Pero ninguna de sus películas tuvo la trascendencia de “The Dancers”, triunfadora absoluta de los óscars del porno en su edición de 1982.
Con un guión de su hijo Michael, Spinelli construyó un filme en el que, contrariamente a lo habitual en el género, los protagonistas eran hombres. Los cuatro “strippers” que focalizan la acción son, además, una buena excusa para retratar el comportamiento masculino. Porque en todos ellos hay algo del hombre que todos los varones llevan dentro. Por medio de ese fresco psicológico, Spinelli da la vuelta al punto de vista del cine X para mostrar una realidad cuyos actores principales son los hombres. No es de extrañar que algunos críticos hayan querido ver en este filme el modelo de porno hecho para un público femenino. Al fin y al cabo, en “The Dancers” son los hombres los que representan el papel de objeto del deseo.
Sin embargo, “The Dancers” es una película enteramente heterosexual. No hay ningún trasfondo de homosexualidad en la relación profesional o personal entre sus cuatro protagonistas. Todos ellos ambicionan objetivos diferentes, pero todos acabarán encontrando, de una manera u otra, el regazo de una mujer. Spinelli contó, para encarnar a las cuatro antagonistas de sus personajes masculinos, con dos actrices veteranas: una Georgina Spelvin que ya se acercaba a la cincuentena y una Kay Parker que se había revelado como una gran actriz en papeles de mujer madura a partir del éxito de “Taboo”, de Kirdy Stevens. Junto a ellas, dos mujeres más jóvenes: la portorriqueña Vanessa del Rio, en el momento estelar de su carrera, y la exótica Mai Lin. Pero los verdaderos conductores de la trama son ellos. John Leslie, que era entonces la más grande estrella masculina del género, ya había trabajado con Spinelli en “Talk dirty to me” dos años antes y había demostrado sus enormes cualidades como actor dramático. Richard Pacheco consolidaba como el bailarín con pretensiones actorales una irregular carrera llena de altibajos. Y dos actores muy jóvenes, que estaban destinados a convertirse en mitos sexuales unos años después, Randy West y Joey Civera, completaban el cuarteto más sólido que jamás ha dado el cine X a la interpretación masculina.
 
The Dancers. EEUU. 1982.
Actores: John Leslie, Richard Pacheco, Randy West, Joey Civera, Georgina Spelvin, Vanessa del Rio, Kay Parker, Mai Lin.
Producción: Anthony Spinelli.
Dirección: Anthony Spinelli.