MICHEL RICAUD

En compañía de Marc Dorcel, Michel Ricaud rescató al porno francés del anquilosamiento en que estaba instalado desde hacía más de un decenio cuando, en 1988, comenzó a dirigir películas en vídeo con una excelente factura visual y temas repletos de morbo. Su prematura desaparición privó al porno europeo de uno de los principales talentos de la industria, aunque su legado ha llegado hasta nuestros días gracias al sello que imprimió a sus filmes.

En compañía de Marc Dorcel, Michel Ricaud rescató al porno francés del anquilosamiento en que estaba instalado desde hacía más de un decenio cuando, en 1988, comenzó a dirigir películas en vídeo con una excelente factura visual y temas repletos de morbo. Su prematura desaparición privó al porno europeo de uno de los principales talentos de la industria, aunque su legado ha llegado hasta nuestros días gracias al sello que imprimió a sus filmes.Michel Ricaud fue, en compañía de Marc Dorcel, el verdadero impulsor del nuevo cine X francés. Su manera de hacer porno sirvió de acicate para que el alicaído porno galo resurgiera con fuerza para convertirse en el principal referente europeo del género.
Pero, antes de convertirse en el salvador del porno en Francia, Ricaud había sido editor de revistas eróticas y, sobre todo, un joven con ambiciones cinematográficas que dio con sus huesos en la cárcel por culpa de una película, “Sexe de sang”, acusado de ofensas a la moral e incitación al asesinato. Debutó en el porno a principios de los 80, pero no sería hasta 1988 cuando comenzó su fructífera relación con Marc Dorcel, la que lo convirtió en un personaje capital en la historia del porno europeo.
El trabajo en producción de Dorcel le dio la libertad a Michel Ricaud para crear un estilo propio, consistente en una cuidada factura visual, es decir, una excelente fotografía y una minuciosa puesta en escena, a la La mujer de negroque se añadía un trabajo de guión para elaborar argumentos sólidos y bien construidos. Rodadas en suntuosas mansiones, las películas de Ricaud concedían una importancia desmedida al vestuario (algo insólito hasta entonces en el género) y a la lencería como parte del ritual fetichista.
Ricaud fue el estandarte de un tipo de cine X que crearía escuela en el tránsito entre los 80 y los 90. Películas como “La educación de Anna”, sobre el ritual iniciático en el sexo de una joven, “Les putes de l’autoroute”, una entrañable “road movie” sobre las prostitutas de carretera, “La mujer de negro”, con toques necrófilos, o “Constat d’adultère”, un curioso estudio sobre la infidelidad, son clásicos del género surgidos de la imaginación desbordante de uno de los grandes genios del porno europeo.
El trabajo de Michel Ricaud traspasó fronteras. Con él rodó la flor y nata del porno europeo en los primeros 90, desde la neumática Joy Karin´s hasta la exquisita Zara Whites, desde el siempre correcto Christophe Clark hasta el impulsivo Rocco Siffredi, y, además, fue el primer director del Viejo Continente que exportó estrellas norteamericanas, como Tracey Adams, Jeanna Fine o Carolyn Monroe, para trabajar en sus filmes.
La educación de AnnaEn 1992 comenzó a filmar para la compañía Private. Pero su colaboración fue efímera. En uno de sus primeros rodajes para la compañía sueca, una ola se lo llevó para siempre en las islas Seychelles a la edad de 49 años. Fue el 28 de junio de 1993 y el mar nos robó a uno de esos directores que nunca morirán en la memoria de los buenos aficionados.
De hecho, la influencia de Ricaud es tan grande en el cine porno actual que su legado se puede apreciar en las películas de Marc Dorcel, quien no encontró a nadie que lo sustituyera y retomó su trabajo como director, o Pierre Woodman, quien fuera su ayudante de realización y es, hoy en día, su discípulo más aventajado.