1. LOS ORÍGENES DEL CINE ERÓTICO
De las cinco acepciones que aparecen en el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua sobre la letra X, ninguna hace referencia al adjetivo que califica “a las películas de carácter pornográfico o que realicen apología de la violencia”, como señala la ley que reguló en España el género. No es un descuido de nuestros insignes académicos. El cine X es un concepto meramente administrativo, asumido en nuestro país a principios de la década de los ochenta para diferenciar pornografía y erotismo. Nuestros legisladores fueron muy literarios y tiraron de alfabeto para marcar la diferencia entre la “S”, reservada a películas de contenido erótico, y la “X”, crucifixión a modo de San Andrés del género porno.
Lo cierto es que pornografía y erotismo han caminado juntos durante siglos por los vericuetos de las manifestaciones artísticas sin que se distinguieran rotundamente sus límites. Más bien, ha sido la propia sociedad la que ha introducido la marca de “obscenidad” para diferenciar, como si de un anuncio de detergente se tratase, entre “lo bello” (el arte erótico) y “lo sucio” (el arte p
ornográfico). Cuando, en 1663, Sir Charles Sedley llegó completamente borracho a una taberna pública, subió las escaleras y orinó sobre la muchedumbre que estaba apostada en la calle provocó el primer caso registrado en la jurisprudencia anglosajona de castigo por desafiar la decencia. Hasta entonces, la mayoría de las sociedades occidentales perseguían más la blasfemia que la obscenidad. De hecho, desde los dibujos de enormes falos de los primitivos habitantes de Ti-n-Lalan en Libia, 5.000 años antes de Cristo, hasta las ánforas y figuras de la antigua Grecia pasando por los frescos romanos que representaban orgías, las imágenes pornográficas convivían con todo tipo de representaciones icónicas sin despertar el mínimo rechazo social. La máxima expresión de la pornografía en el arte la ejemplifica el Marqués de Sade. Sus obras, en las que se explicita la superioridad de los sentidos sobre los códigos morales establecidos, dieron pie a una vasta colección de ilustraciones para acompañar sus escritos.
Durante el siglo XIX, cuando el hombre daba sus primeros pasos para la representación realista de la imagen, por las cortes europeas circulaban grabados y dibujos de temática sexual, realizados por ilustradores anónimos o por selectos artistas decadentistas. Pero, fue en 1827, con la invención de la fotografía, cuando la representación del realismo en el sexo obtuvo el definitivo impulso. La fotografía supone un hito fundamental en la vieja aspiración del hombre por captar bocados de realidad. Cinco minutos después de su invención, como afirma el productor de cine erótico David Friedman, una mujer posaba desnuda para ser inmortalizada. Había nacido la foto porno. Durante la segunda mitad del siglo XIX existió en Europa un potente mercado clandestino de fotografías pornográficas, duramente perseguido por las autoridades, pero que movía ya más dinero que el negocio generado por el reciente invento.
El siguiente escalón sería dotar de movimiento a la fotografía estática. En 1891, Edison había patentado un aparato,
llamado kinetoscopio, que consistía en una especie de caja en la cual se proyectaban imágenes para el disfrute de un sólo espectador y que se convirtió en una de las más celebradas atracciones de feria de finales de siglo en los Estados Unidos. Al ser un aparato de uso individual, los feriantes se dieron cuenta que las imágenes eróticas tenían mucha mayor aceptación entre los clientes. Para la realización de tales filmes, contaron con la participación de prostitutas que, por unos pocos dólares, estaban dispuestas a dejarse fotografiar desnudas y acariciándose, algo mucho más higiénico que sus trabajos en aquella época. De modo que la nueva utilidad del kinetoscopio escapaba del férreo control de la censura y las ligas de defensa de la moralidad. Dos años después, en la Exposición Universal de Chicago, se proyectó por primera vez uno de esos filmes producidos para el kinetoscopio en una pantalla mural. Reproducía una sugerente danza oriental ejecutada por una bailarina llamada Fátima. Pese a no contener escenas de desnudos, la breve filmina provocó las airadas protestas de las fuerzas vivas de la ciudad, lo que acrecentó su fama de escandalosa.
En 1895, Thomas Armat y Francis Jenkins habían perfeccionado un aparato que superaba al kinetoscopio de Edison: el vitascopio. Edison compró la patente y comenzó a comercializarlo como si fuera invento suyo. Paralelamente, en Francia, los hermanos Louis y Auguste Lumière habían ideado un aparato similar a partir de las investigaciones que sobre la imagen en movimiento se habían desarrollado en Europa durante la última década del siglo. Lo llamaron cinematógrafo y fue presentado en sociedad el 28 de diciembre de 1895 en el Grand Café del Boulevard des Capucines de París. Había nacido el cine. Pocas semanas después, la artista de strip-tease francesa Louise Willy protagonizaría “Le bain”, el primer filme erótico conocido. Como decía, Friedman, sólo cinco minutos después de inventarse el cine, había nacido el cine porno.
