43. LA INVASIÓN DE LAS ESLAVAS

Hungría y Checoslovaquia son, en 1996, las grandes canteras del porno europeo. No hay película en la que no asomen en su reparto actrices provenientes de esos países en papeles secundarios. El porno europeo renueva sus caras mientras triunfan los directores consagrados.

La princesa y la putaEn 1996 Praga y Budapest son, sin discusión, las capitales europeas del cine X. El número de agencias de modelos abiertas en los dos capitales más cosmopolitas de la Europa del Este crece espectacularmente mientras la renovación de las actrices es casi continua. Las grandes estrellas de los años anteriores (Draghixa, Deborah Welles, Rebecca Lord) se han retirado o han dado el salto al porno americano, donde encuentran un hueco y sabrosos contratos en la vasta producción estadounidense. Esto obliga a un constante replanteamiento del “star system” europeo, poblado de jóvenes checas o húngaras que, por un día de rodaje de una película X, ganan más que por un mes de trabajo en sus países. Así, gran parte de los repartos de los filmes europeos de ese año, y de los sucesivos, estará completado con un montón de rostros desconocidos de rasgos eslavos que pasan por el mundo del porno sin la pretensión de permanecer mucho tiempo en él.
La factoría Private y el insaciable Rocco Siffredi fueron los principales beneficiados del nuevo panorama. RoccoMaría de Sánchez filmará todas sus películas entre Hungría y Checoslovaquia acompañado de chicas debutantes y con su excelsa figura como estrella indiscutible. Private recurrirá a las chicas del Este para sus vídeo-revistas y los filmes de menor presupuesto, pero completará los repartos de sus superproducciones con la legión eslava. Fue el caso de “La pirámide”, de Pierre Woodman, una cinta en tres partes protagonizada por la letona Tania Rusoff, compañera sentimental del director, y que contó con un presupuesto de 1.200.000 dólares. El propio Woodman, experto en reclutar actrices del Este para la causa, rodó “Kruger Park” en Suráfrica con siete bellezas anónimas.
También Joe D’Amato introducía en sus películas secundarias checas o húngaras, pero los papeles principales los reservaba para estrellas consagradas o prometedoras actrices de la Europa occidental. En “Torero”, una coproducción hispano-italiana, participaron la americana Sunset Thomas y el incansable Rocco; en “Flamenco Extasy”, de nuevo con el tema hispano como trasfondo, dFantasexingio a María de Sánchez su primer papel protagonista; y en “Instinto básico, la traslación al porno del polémico “thriller” de Paul Verhoeven, la norteamericana Sindee Coxx ejercía de desbocada Sharon Stone. Las conexiones de D’Amato con la industria yanqui se concretaron en “Pasión en Venecia”, un filme codirigido junto al exquisito Cameron Grant.
Mientras tanto, Marc Dorcel seguía en su línea de corrección y esteticismo con dos nuevos títulos: “La princesa y la puta” y “La fièvre de Laure”. En ambas películas brillaba excepcionalmente Laure Sainclair, musa del director francés en sus recientes producciones. Del mismo modo, la herencia de las adaptaciones al porno de la vida de personajes clásicos de la historia y la literatura alcanzaba al finlandés Mikko Jylha, que en “Rasputín” volvería a trabajar con su compatriota Sabina. Y, cómo no, los jóvenes venían pegando fuerte. Max Bellocchio con “Classic School”, Frank Simon con “Fantasexing” y la actriz americana Carolyn Monroe, instalada en Europa para dirigir películas bajo el auspicio de la productora de Mario Salieri, encabezaban el pelotón de aspirantes al trono de nuevos reyes del porno europeo.
 

Leo SalemiDEL CINE DE CULTO AL PORNO
En 1978, Ermanno Olmi filmó “El árbol de los zuecos”, una película protagonizada por campesinos lombardos que adquirió rápidamente la consideración de “cult movie” entre los cinéfilos. 18 años después, Leo Salemi se atrevió a dirigir la versión X de una de las cintas emblemáticas del cine social italiano. “El árbol de las putas” fue el debut como director de Salemi, antiguo realizador de televisión que había entrado en contacto con el mundo del porno durante la feria erótica de Milán, y recreaba el ambiente y el clima de su referente con el añadido de un buen número de sueños eróticos del protagonista. La película causó una gran conmoción en la prensa sensacionalista italiana porque en ella participaba Batisti, uno de los actores que habían intervenido en la cinta original. Esta circunstancia la alzaría al número uno en ventas en el país transalpino en 1996.

 

CKPLA CARA SEXUAL DE LA GUERRA
Preocupado por la realidad que vivía Europa, Mario Salieri planeó realizar un filme sobre la dramática situación en la antigua Yugoslavia. Esta empresa tan arriesgada intentaba mostrar la cara oculta de los crímenes de tipo sexual de los ejércitos contendientes. Protagonizada por la italiana Selen y la española María de Sánchez, “CKP” resultó ser una película mucho más realista de lo que había pensado el director napolitano. Ricard Pérez Casado, administrador de la ONU en Mostar, escribió un lúcido artículo en la valenciana Cartelera Turia en el que afirmaba, con tristeza, que gran parte de las vejaciones sexuales que vivían los prisioneros y prisioneras de guerra en la pantalla tenían un fundamento real que él, durante su misión en tierras balcánicas, había conocido de primera mano.