EL VIEJO GERRY
A comienzos de la década de los 70 del siglo pasado, Gerard Damiano era un aspirante a director de cine que trabajaba ayudando a su mujer en la peluquería que ésta regentaba en Queen's. Entre rulos, permanentes y mechas, Damiano realizaba pequeños trabajos como realizador de películas eróticas de bajo presupuesto destinadas a las salas de exhibición de filmes sicalípticos.
No ganaba ni un dólar, estaba aprendiendo, pero él aspiraba a ser Francis Ford Coppola, Hal Ashby o Robert Altman, en un tiempo en el que el cine independiente empezaba a integrarse en el sistema de los grandes estudios.
Un buen día de 1971, Chuck Traynor, una especie de chico para todo que colaboraba en los más diversos oficios de la producción de cortometrajes pornográficos, llegó al despacho de Louis Peraino, uno de los capos de la Mafia neoyorquina, con una chica delgada y no muy guapa de cara que tenía una extraña habilidad: era capaz de chupar una polla introduciéndose todo el pene en su boca. Al entrar en el despacho del mafioso, Traynor y su novia se cruzaron con Damiano, quien acababa de ser contratado por Peraino para dirigir una película
X. El padrino los convocó a todos esa noche en un club de intercambio de parejas, donde Damiano descubrió de primera mano la inusual habilidad de Linda, que así se llamaba la novia de Traynor. El fin de semana siguiente, Damiano lo consagró a escribir el guión de la película que le había encargado Peraino, pero no llevó al papel su idea inicial, sino algo relacionado con lo que le había visto hacer a Linda.
Poco más de un año después, en enero de 1972, Damiano
conducía su Cadillac azul y blanco por la carretera que llevaba de Nueva York a Florida en compañía de su amigo Herbert, un tipo divertido que iba a trabajar en la película como ayudante de producción. Al llegar a la tierra donde pasan sus últimos años los jubilados americanos, Damiano no encontró a nadie para interpretar el principal papel masculino de la película y le propuso a Herbert aceptar el reto de interpretarlo. Herbert aceptó y cambió su nombre por el de Harry Reems. Unos días antes, Damiano ya había bautizado a su protagonista con el nombre de Linda Lovelace para encabezar el reparto
de Garganta profunda.
Un año más tarde, Garganta profunda era la película X más famosa de la historia. Y la más rentable. Pero Gerard Damiano había revendido los derechos del filme a la Mafia por sólo 25.000 dólares, cuando su aportación a la cinta había sido de 24.000. ¿Acaso queríais verme sin piernas?, confesó a quienes le inquirieron sobre las razones de tan ruinoso negocio. Con aquel
dinero preparó la producción de El diablo en la señorita Jones, un guión basado en la obra de Jean Paul Sartre Sin salida que le encumbró al estatus de cineasta de autor. Damiano había descubierto que el porno era, en aquellos tiempos, la mejor vía para hacer cine independiente.
A El diablo en la señorita Jones siguieron obras en las que Damiano destapó su condición de autor en el género. Memories within Miss Aggie, una oscura reflexión sobre las relaciones humanas con tonos
bergmanianos, Historia de Joanna, la mejor adaptación de Histôire d'Ô que ha conocido el cine, Let my puppets come, donde los muñecos de trapo que popularizó Jim Henson se dedicaban a follar como si fueran seres de carne y hueso, o Consenting adults, un filme sobre los aspectos más alternativos de la sexualidad humana que se cuenta entre las mejores obras del género documental. Fueron sus tiempos gloriosos, cuando el porno todavía poseía un carácter cinematográfico y al espectador le importaba más la historia y cómo se la contaban que las habilidades circenses y sexuales de sus protagoni
stas.
El porno no fue justo con Damiano. La llegada del vídeo acabó por cerrarle las puertas de una industria que había ayudado a cimentar y su carrera terminó a comienzos de la década de los 90, tras haber ayudado a Moana Pozzi a triunfar en los Estados Unidos.
El pasado 4 de agosto, Gerard Damiano, el viejo Jerry, cumplió 80 años y lo celebró en Florida, el estado en el que había filmado la cinta que lo dio a conocer. Con él estuvieron viejas amigas y viejos amigos. Ann Sprinkle, la activista sexual que sigue paseando sus performances eróticas por la América profunda a sus 54 años. H
arry Reems, el amigo íntimo del viejo Jerry, que ahora es un agente inmobiliario en Utah y no quiere remover un pasado que le llevó a la cárcel por haber actuado en una película. Y Georgina Spelvin, la mujer que iba a trabajar como script en El diablo en la señorita Jones y Damiano transformó en una figura del porno por casualidad. Todos honraron a uno de los padres del porno moderno, al hombre que con sus películas dio sentido al género en un momento en el que podía competir con el cine de bajo presupuesto.
Unos meses después, el 25 de octubre de 2008, Damiano moría en Fort Myers, Florida, el lugar que, como muchos jubilados estadounidenses, había elegido para pasar sus últimos años de vida.
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