LA CULTURISTA QUE AMABA A LAS MUJERES
La misma semana en la que se fue Tía Peg a entretener a los angelitos con sus lecciones de sexualidad y madurez, hemos sabido que Erica Boyer, otro de los rostros fundamentales en el porno de los 80, perdió la vida la pasada Nochevieja. Boyer fue, en contraposición a Juliet Anderson, hija de la era del vídeo.
La estricta educación recibida durante su infancia y adolescencia influyó poderosamente para que Erica Boyer, nacida como Amanda Jensen el 22 de diciembre de 1956, decidiera emigrar de Montgomery, Alabama, el sur profundo donde nació hasta California en busca de una oportunidad en el mundo del espectáculo. Atrás dejó una familia de clase alta y una puritana sociedad que se escandalizaría años después cuando descubrió, gracias a la prensa local, que la hija del antiguo fiscal del estado de Alabama era una estrella del cine X.
Antes de que llegara ese momento, Boyer había trabajado como enfermera y había bailado desnuda en el O'Farrell Theater, donde entró en contacto con el mundo del porno a través de los hermanos Mitchell. Sin
embargo, a pesar de que el comienzo de su carrera le auguraba un porvenir excelso en el género, Erica Boyer nunca acabaría de consolidarse como una de las grandes estrellas de su generación. Decididamente bisexual, Boyer prefería elegir papeles con números lésbicos que enfrentarse a una legión de hombres como la mayoría de sus compañeras de profesión. De ahí que, en su dilatada carrera, fuera protagonista principal en sólo una decena de películas y sus principales aportaciones al porno sean su pasión por el culturismo y su contribución a popularizar las películas exclusivamente protagonizadas con mujeres en las que hay números de sexo anal con consoladores. Aunque eventualmente realizó con posterioridad alguna gira como bailarina erótica, en 1993 se retiró definitivamente del porno para mudarse a Dallas donde vivía y trabaja como fisioterapeuta.
La pasada noche de fin de año, Erica se encontraba en Panama City Beach (Florida) para recibir el 2010. cuando, poco después de las ocho de la tarde, cruzó la Front Beach Road y un Hyundai conducido por un polcía fuera de servicio se la llevó por delante. Boyer no llegó ni al hospital. Se fue, en un instante, esa actriz que se rebeló contra sus ancestros familiares para convertirse en una imagen icónica de los inicios de la era del vídeo.
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