LO OCULTO Y LO (IN)VISIBLE: 3. AUTOBOMBO A LA COLOMBIANA

En el mes de octubre de 2008, Nacho Vidal y yo impartimos un seminario en Bogotá sobre la historia del cine erótico español que llevaba por título "Lo oculto y lo (in)visible". Durante los nueve días que duró el viaje, publiqué un diario en la página web del Club Canalla. En la tercera jornada del viaje comenzó el seminario.

Sé que hablar de uno mismo y de sus méritos tiene un punto pretencioso y autocontemplativo que sólo conduce a reforzar el ego personal, a practicar el noble arte del autobombo que únicamente lleva a pensar que eres una de las personas más importantes del mundo y que tu trabajo es mucho más importante que el del fontanero que te cobra 50 euros por desplazarte a tu casa para reparar un grifo que tiene una fuga o al cristalero que te reemplaza el vidrio que quebraste la última vez que volviste a casa tras una borrachera y no mediste bien el impulso para cerrar la puerta. Pero hoy, inevitablemente, tengo que hablar de mí mismo, del seminario de cine erótico español que he comenzado a impartir en Bogotá.
Pero hablaré de mí porque, si no, no tengo nada que contar. La principal actividad del día ha sido el arranque de esas clases magistrales que se prolongarán durante tres sesiones en cuatro días y en las que, en compañía de Nacho Vidal, intentaré explicar al público colombiano qué ha pasado en este siglo para que España sea un país en el que el porno es una disciplina que la gente ve con naturalidad.
Los colombianos se asombran de que Nacho sea un personaje idolatrado en nuestro país (no piensan que también es idolatrado en este país, Colombia) o que un tipo que escribe sobre porno pueda dictar un curso en la otra parte del mundo y viva en “el lado perverso de la cultura”, como una periodista me decía esta ttarde.
A las 6 de la tarde, El Cine-Club El Muro de Bogotá estaba infestado de curiosos, periodistas y gentes que pululaban por sus alrededores para ver qué era eso del seminario internacional de cine erótico español que se iba a impartir allí. Y la cosa ha sido más sencilla que lo previsible, Nacho y yo hemos presentado el curso antes de que yo me quedara solo ante el peligro, es decir, como cualquier profesor universitario ante sus alumnos, para explicar por qué un país que sufrió una cruenta dictadura durante 40 años se ha convertido en uno de los territorios más liberales de Europa en sólo tres decenios.
Ha sido emocionante, y ya sé que está feo decirlo, porque he notado que mi auditorio se sentía fascinado por la transformación de un país en un territorio abonado para el cine porno, algo que los americanos aprecian tanto que lo relacionan con la libertad de expresión, sin que nosotros nos demos realmente cuenta de la conexión. He proyectado fragmentos de “El confesor”, una de las películas financiadas por el rey Alfonso XIII en la década de los 20 del siglo pasado, de “Historia de S”, el paradigma del cine clasificado “S” en los tiempos prepornográficos, y de “El ojete de Lulú”, la gamberrada más alternativa de Jess Franco en sus tiempos de director de porno. Y los asistentes se han reído con las propuestas, han debatido sobre la pornografía y el erotismo, y han gozado de tres horas de seminario sobre un tema que intuían y desconocían.

Y a mí se me ha subido el ego a la altura de Montserrate, la montaña que vigila esta ciudad, ya de por sí alta, a más de 3.000 metros de altitud.